EL CUARTO DE LOS SUEÑOS

Recuerdo una soleada tarde de octubre, al salir del colegio, hacía muy buena temperatura y la ciudad me llamaba a pasear y descubrir sus misterios, así que decidí cambiar el itinerario de vuelta a casa, aun corriendo el riesgo de recibir una reprimenda por no regresar a la hora convenida. La calle Compañía, larga y sinuosa, siempre atraía mi atención. - No sé por qué la llaman de la Compañía, si siempre está tan solitaria – pensaba. Pero un día descubrí que el nombre venía de la Compañía de Jesús, instalada al final de la calle con una descomunal iglesia que no me gustaba nada. Y mucho menos cuando los mayores me dijeron que los jesuitas incluso intentaron demoler la casa que está en frente, la Casa de las Conchas. Entonces me sentí muy furiosa.

Aquella tarde me senté en uno de mis lugares preferidos, la gran escalinata frente a la entrada. Así conseguía dos cosas: dar la espalda a la iglesia que no me gustaba, y por tanto desaparecía copletamente, y podía contemplar en todo su esplendor mi casa favorita de la ciudad. Todas aquellas evocadoras conchas pegadas a la pared no dejaban de tener su gracia y hacían volar mi imaginación. Yo siempre pensé que las habían puesto allí porque quien mandó construir la casa, un importante noble o caballero, seguro que tenía una hijita a la que quería mucho y que le gustaba jugar con las conchas en la playa. Su padre le construyó la casa y la decoró con conchas para hacer feliz a su hija. - Cuánto me gustaría traspasar esa enorme y misteriosa puerta y jugar con aquella niña en el bonito patio del interior, me han dicho que hasta hay un pozo, escaleras y columnas para jugar al escondite, al corro, al pati, a la rayuela… - Pensaba algunas veces, imaginando cómo sería jugar en aquel lugar tan evocador y fascinante.

Existe una leyenda que dice que debajo de una de las conchas de la fachada hay un tesoro, yo no me lo acabo de creer, si fuera verdad los mayores, que son muy ambiciosos, ya habrían quitado todas las conchas, no habrían dejado ni una. Pero para mí el mayor tesoro que existe es un libro, así que yo imaginaba que debajo de cada concha y cada piedra había un libro, cientos de libros interesantes que cuenten historias bonitas, no como algunos que nos obligaban a leer en el colegio, con hazañas raras de niños patriotas que subían al cielo y conclusiones moralistas.  A mí me gustaban las aventuras increíbles, los romances felices, cuentos ensoñadores, intrépidas historias con finales imposibles.

Cerré los ojos, mi imaginación empezó a volar entre las nubes que se divisaban en el cielo y, subida en una de ellas, con forma de barca, llegué a imaginarme tantos libros en aquella casa que de repente descubrí su destino, ¡aquella casa sería una biblioteca! Sí, qué gran idea, es lo que hacía falta en la ciudad, una gran biblioteca para que los niños como yo, y algún mayor si le apetece y se lo permiten sus innumerables y aburridas ocupaciones adultas, puedan disfrutar y soñar alrededor de los libros. - Quien sabe, -pensé- algún día podría llegar a ser una importante escritora, publicar libros y que estén disponibles con mis iniciales CMG colocados en bonitas estanterías de madera.

En este punto mi imaginación había cogido la velocidad de una nube con forma de caballo de carreras y se encontraba descontrolada y sin rumbo, ya no sabía dónde me llevaría.

De repente me convertí en una bonita mariposa, con dos pequeñas y lindas alas de colores. – Mira qué bien, ahora sí que puedo volar, ver la casa desde arriba e incluso entrar en ella.- Así que inicié el vuelo, las vistas eran increíbles y asombrosas desde lo alto. A través del patio conseguí entrar en los corredores de la casa, ¡estaba viendo el futuro!. Efectivamente había libros por todas partes, todos dispuestos ordenadamente en sus estanterías a la espera de los lectores. Mi sueño se había cumplido. Pero seguí investigando la casa. Quería llegar al dormitorio de la niña que siempre había imaginado. Traspasando una pequeña puerta subí por una estrecha escalera y en el primer piso encontré una puerta con un letrero que decía EL CUARTO DE LOS SUEÑOS. Sí, seguro que aquella era la habitación. La puerta estaba entreabierta y se escuchaban algunas voces en el interior, así que me decidía a entrar silenciosamente cual mariposa campestre. Aquella habitación tenía que ser la más importante de la casa, quería descubrir todos los sueños que se habrían acumulado allí a lo largo del tiempo, sentir la presencia de todos los personajes que por allí habrían pasado, conversado, soñado…

Pero en aquel mismo instante la enorme campana de la Clerecía, dando las horas con un ruido ensordecedor, me transportó de nuevo a la realidad. Abrí los ojos, acababan de dar las nueve y llegaba tarde a la cena. Así que salí corriendo dirección a la Plaza de los Bandos no sin antes despedirme de la casa:

-          Algún día será posible – Pensé y dije adiós a mi soñada biblioteca

                                                             - * -

Isto, mais ou menos, podía ter passado pela imaginação da pequena Carmen nos seus passeios por Salamanca. Se realmente ela alguma vez pensou na biblioteca na Casa das Conchas nunca o poderemos saber, mas o que sí é certo é que o "Quarto dos sonhos" existe, está lá à nossa espera, primeira porta à direita, primeiro andar, a porta está aberta e só precisas um bom livro para entrar.